9.6.08

CREO QUE HAY DEMASIADO POLVO EN MI CASA

El primer sábado de enero fue mi cumple número 26. No sé por qué, pero desperté y me sentí vacía, "ABSOLUT EMPTY" diría un anuncio con mi foto en forma de una botella. Me levanté y como una autómata me dirigí al lugar donde guardo las bebidas. El vodka seguía fresco en mi cabeza, así que tomé la botella de Stoli y me preparé un tonic. -¿Qué me pasa? ¿Será una crisis de la edad?- Me pregunté mientras sorbía el primer trago. Después de media botella decidí que ya era momento de revivir viejas glorias. Hace años en un cine de Amsterdam tuve un affaire con un musculoso holandés, así que creí que tal vez podría repetir mi travesura con un poco de carne de bronce. Me maquillé mejor de lo que pude imaginar, asegurándome de tener las cejas perfectas, de usar el delineador que acentúa mi felina mirada y de subir a todo el volumen de mis labios con un lipstick que le robé a una zorra en parís. Me puse una mini Gucci que compré en Milán, con una blusa y unas zapatillas vintage que compré en la Lagunilla y así, me dirigí a un lugar del que sólo había escuchado hablar: el Cinema Coronado.

Llegué fácilmente pero demasiado tarde para el inicio de la función. El lobby se encontraba vacío y por los carteles supe proyectaban una película llamada "Culoncitas Latinas IV"; pocas cosas tienen peor gusto, pero bueno, también era demasiado tarde para arrepentirse. Entré a la sala y tal como mi aventura en Europa, procuré sentarme en las últimas filas. No tardó en acercarse un tipo con un horrendo bigote. Es decir, ¿cómo alguien en pleno 2006 puede seguir usando bigote? En fin, no me dijo nada, sólo bajaba su bragueta mientras caminaba hacia mí y cuando me di cuenta ya estaba sacudiendo su enorme y asquerosa polla justo frente a mi nariz, ¡qué horror! ¿Qué clase de público frecuenta estos cines en México? Observé a la gente y todos tenían aspecto de cargadores o bodegueros, ¿cómo se me pudo ocurrir que tal vez podría conocer a un rubio llamado Hertz y a un trigueño de nombre Paul, que me levantarían con sus poderosos brazos, me mirarían con sus ojos azules y me besarían apasionadamente? Vaya error, tal vez fue el vodka. Afortunadamente reaccioné a tiempo y empujé al tipo que ya comenzaba a poner sus ojos en blanco; cayó en la fila de adelante sobre un par de soldados que se besaban y que no dudaron en golpearlo como unos salvajes por interrumpir su romántico encuentro. Fue entonces cuando aproveché la confusión para salir a toda prisa de ahí; tan rápido, que no me di cuenta en qué momento perdí una de mis amadas zapatillas. Llegué a mi casa lamentando tan estúpida decisión y la única boca que besé esa tarde fue la de la botella de Stoli. Mi mejor amiga me encontró llorando amargamente y después de tratar inútilmente de consolarme argumentando que tendría una gran fiesta en la noche, llegó a la "brillante" conclusión de que yo necesitaba un hombre. Nada más falso que eso amiga, necesito dos.

Por la noche ya había olvidado el penoso incidente del cine. Me tranquilizó pensar en todo lo que me faltaba por vivir, toda la gente que me faltaba por conocer, todas las pasarelas que me faltaban por recorrer, todas las drogas que me faltaban por probar y sobre todo, en lo ridículo que resulta mortificarse cuando se va a tener una gran fiesta dentro de un par de horas. Eso y un par de tafiles con vodka.

En fin, de pronto me sentí como una mujer completamente nueva, “ABSOLUT REFRESH” diría un anuncio con mi foto en forma de una botella. El timbre comenzó a sonar y los primeros invitados hicieron su aparición. -Toma, con la cara que traes seguro te hará falta.- Dijo una amiga entregándome un pequeño sobre con diseños de Jordi Labanda. -Gracias.- Respondí al descubrir que contenía una cantidad considerable de cocaína. Por dios, qué conveniente. Al parecer mis amigos asumieron que cualquier regalo resultaría una insignificancia para mí y tenían razón, por eso cada uno me regaló algo por el estilo y al final todos terminamos alrededor de una libra de charly, cientos de pastillas variadas y hasta algunos gramos de heroína pero rayos, nada de foxy.

Me di cuenta de que era una gran fiesta y decidí compartir mis regalos, después de todo nunca he sido una persona egoísta. Me encontraba absorta en mi felicidad cuando de pronto alguien puso a Leonard Cohen. Puta madre, ¿quién osaba arruinar así mi cumpleaños? En fin, no podía separarme de la mesa con semejante cantidad de ese adorable… “oro blanco” ahí encima. Supongo que nadie podía. Así que escuchamos el Songs of Love and Hate casi por completo, hasta que por fin algún sensato optó por poner a Flans. Snif, snif, snif. Quité a Flans del stéreo, al ver tanta coca junta me dieron ganas de escuchar a Alaska, pero cuando buscaba el disco alguien se adelantó y puso antes a Pizzicato Five. Estuvo bien, sirvió de pretexto para que a una chica se le ocurriera improvisar una suerte de “video teatro kabuki karaoke porno”. Eso y unas cuantas líneas. Primero se quitó toda la ropa, luego se polveó la cara con cocaína hasta que la tuvo completamente blanca y entonces comenzó a cantar en japonés con el disco sirviéndole de pista. Todo, mientras su acompañante grababa la escena con una cámara de video. ¡Qué hermosa se le veía su cara! Tan blanca como las bragas de una colegiala. ¡Dios, no lo resistí! Fui por una línea más. Me metí tres y cuando regresé, alguien le había polveado el culo a la chica kabuki. También se veía lindísimo, no tanto como su cara (su cara lucía perfecta), pero sin duda era irresistible. En fin, lo era tanto que no pasaron más de cinco minutos cuando una docena de hombres y mujeres ya estaban lamiendo y esnifando la cocaína de sus nalgas. Yo hice lo propio sólo con su cara, esa bellísima cara tan blanca como el semen de uno de esos negros de dos metros con una polla de cuatro… Diablos, no puedo esperar para cumplir 27, ¿por qué esos momentos no nos duran toda la vida?

Moho27
Publicado en el número 27 de la Revista Moho.

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